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Descansa en paz, Saramago

Hoy ha muerto José Saramago y nos hemos quedado un poco más ciegos. He revisado los libros que tengo de él y no están los tres o cuatro últimos que escribió. Desde el “Ensayo sobre la ceguera” sus fábulas se fueron volviendo demasiado evidentes para mi gusto y dejaron de atraparme a excepción, quizás, de “La Caverna”. Poco a poco perdí el gusto por sus historias aunque no por sus artículos; en ellos defendía unas posturas que eran siempre referentes éticos ineludibles para cualquiera que aspire a la emancipación humana en estos tiempos sin referencias.

Pero, además, debo agradecerle el que me despertara el interés por otros autores portugueses. Así, gracias a él, descubrí al atormentado y tormentoso Lobo Antunes, cuya intensidad resulta sobrecogedora y su prosa deslumbrante, arriesgada y sin concesiones al lector; o devoré al clásico Eça de Queirós, al que Borges consideraba uno de los más grandes escritores de la historia y así lo demuestra, por ejemplo, en “El crimen del Padre Amaro”.

Hace ya dos años (cómo pasa el tiempo), dejaba en este cuaderno un cuento para niños de José Saramago, “A Floir Màis Grande do Mundo”. Creo que, como humilde homenaje, no estaría mal volver a ver el corto animado, deleitarse con su música y la voz del propio autor y, seguidamente, leer el cuento. Seguro que José, donde quiera que esté, se alegrará.

 

3 comments

  1. Deberíamos leer con más frecuencia los cuentos para niños, a veces haciéndolo recordamos las cosas verdaderamente importantes en la vida, sencillas y simples, que con demasiada frecuencia se nos olvidan.

    “Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran” Saramago

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